¿Alguna vez ha sentido morbo por las cosas extravagantes o por lo nunca antes visto? Aunque usted no lo crea, existió un hombre cuya curiosidad lo llevó a explorar las rarezas del mundo. Su devoción por lo insólito lo convirtió en una de las figuras más populares de Estados Unidos durante los años 30’s y 40’s. Sin mayor preámbulo, le presentamos la increíble historia de Robert Ripley.
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En Santa Rosa, California, el primogénito de Issac y Lillie Ripley vio por primera vez la luz el 25 de diciembre de 1890. Robert LeRoy Ripley era un chico tímido y un poco torpe, pero también resaltaba por su talento. Mientras cursaba la escuela, se dio el lujo de dividir su energía para enfocarse en sus más grandes pasiones, el beisbol y el arte. En una ocasión, compró una tarjeta postal con la imagen de la pintura rusa «The Boyar Wedding Feast» e intentó recrearla. Sin embargo, a causa del fallecimiento de su padre en 1905, Robert tuvo que renunciar a los estudios para trabajar repartiendo periódicos y limpiando lápidas con el fin de ayudar a su madre con los gastos.
A pesar de las dificultades, Robert no se mantendría alejado de sus ambiciones artísticas y deportivas por mucho tiempo, ya que al año siguiente comenzó jugar beisbol a nivel semi-profesional, y dos años más tarde logró vender su primera caricatura a la revista Life. En 1909 dejó Santa Rosa para mudarse a San Francisco, donde comenzó a trabajar brevemente como caricaturista en la sección deportiva del San Francisco Bulletin antes de unirse al más prestigioso periódico San Francisco Chronicle, para el cual laboró durante tres años.
En 1913, por sugerencia de un amigo, el escritor Jack London, Robert se mudó a Nueva York, donde consiguió empleo en el New York Globe y también realizó pruebas para formar parte de los New York Giants, pero una lesión en el brazo truncó sus esperanzas de jugar beisbol a nivel profesional. A pesar de que The Globe no era uno de los periódicos más populares de la ciudad, la columna de Ripley permitió captar a un mayor número de lectores, por lo que el caricaturista fue recompensado con viajes para cubrir diversos eventos, tanto de Estados Unidos como en el extranjero.
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